Migración irregular presiona por soluciones a nuevo gobierno en Chile

 Migración irregular presiona por soluciones a nuevo gobierno en Chile

Los venezolanos Engelin, Jordelis y Edgar revenden fruta en un puesto callejero en la avenida Alameda, cerca del presidencial Palacio de la Moneda, en Santiago de Chile. Foto: Orlando Milesi / IPS

SANTIAGO (IPS) – La presión de migrantes, especialmente venezolanos, es crítica en la zona norte de Chile, llega a la propia capital y ha obligado al gobierno llegado en marzo a establecer este mes un grupo interministerial especial, para proponer soluciones que respeten sus derechos humanos.

El primer problema es que se ignora cuántos son los migrantes irregulares pues en los últimos años ingresaron miles sin registro alguno, especialmente por Colchane, un pequeño municipio del altiplano andino, en el norteste limítrofe con Bolivia.

Por allí ingresó la venezolana Jorgelis, de 23 años, en diciembre pasado.

“Fueron los 11 días más largos de toda mi vida”, dijo a IPS mientras su rostro se ensombrecía al recordar su reccorrido desde Caracas a Colchane.

Hoy vende frutas en la principal avenida de Santiago, Alameda, en su esquina con la calle Santa Lucía, en la salida del ferrocarril metropolitano, a apenas cinco cuadras del palacio de La Moneda, sede de la presidencia, donde desde el 11 de marzo gobierna el izquierdista Gabriel Boric, de 36 años.

Su prima Engelin, de 33 años, arribó hace dos meses “en un viaje de 10 días, a veces por pleno desierto”.

“Dejé en Venezuela a dos hijas de 15 y 5 años. Ese es un dolor muy fuerte en mi corazón”, lamentó. Y se quejó del frío recordando que en la tropical Caracas es mucho menos intenso y solo en diciembre y enero.

Vive en un campamento de haitianos en el municipio de Maipú, en el oeste de Santiago. Y vende frutas a la salida del Metro República, también en la Alameda.

Dubarly Lorvandal, de 23, llegó desde Puerto Príncipe, la capital de Haití, cuando tenía 18 años. Estudió allá el pregrado. No tiene visa y trabaja en un puesto de verduras en una feria de Arrieta, en el este de Santiago.

Facilidades de acceso, dictadas en 2010 y luego eliminadas, transformaron a Chile en un destino favorable para los haitianos que huían del coctel de tragedias naturales y económicas.

“Trabajé al comienzo un mes levantando líneas (cables), pero ahora soy papero (vendedor de papas). Todos me aman en esta feria”, asegura con una sonrisa.

Lacombe vino también desde Haití hace seis años y trabaja junto a Ricaela, quien llegó hace seis meses desde República Dominicana. Ambos en situación irregular, venden verduras en un puesto en la feria Arrieta. Lacombe dice estar feliz.

Todos ellos integran la larga fila de al menos medio millón de personas que esperan regularizar su situación legal en Chile, este largo país de 19,4 millones de habitantes que va entre la cordillera de Los Andes y el océano Pacífico.

El último dato oficial sobre la migración en Chile, de 2020, indica que hay 1 462 103 extranjeros, de ellos 448 138  venezolanos, que desde 2013 protagonizan un éxodo masivo, que supera los seis millones, buena parte diseminados por sus vecinos latinoamericanos.

Pero estas cifras no incluyen a los migrantes que ingresaron y permanecen en forma indocumentada y sobre cuyo número real no se atreven a dar las organizaciones que trabajan en el sector.

Un barco desestabilizado

“Tenemos por tres años ingresos que en 90 % son por pasos no habilitados”, dijo  Macarena Rodríguez, presidenta del directorio del católico Servicio Jesuita al Migrante.

“Desde el 2020 tenemos la frontera cerrada y antes el gobierno impuso un visto consular (en sus países de origen) a haitianos y venezolanos. Cuando tú restringes el ingreso regular, por el otro lado aumenta el irregular”, indicó a IPS la directiva de una de las principales organizaciones de atención a los migrantes en el país.

“Hay un enorme número de personas no contabilizadas, que no tienen papeles ni pueden trabajar (legalmente). Y sus hijos no pueden tener regularidad migratoria. Y pagan un arriendo cinco veces más caro por recintos precarios”, reseñó entre las consecuencias de la indocumentación.

Luis Eduardo Thayer, asumió en marzo como director del Servicio Nacional de Migración, y es parte de la nueva Comisión Interministerial ampliada a organizaciones civiles, creada el 6 de mayo por el gobierno para buscar caminos de solución a un creciente problema social y que ha traído ya expresiones de xenofobia.

El presidente Boric planteó que la solución debe incluir a otros países de origen o tránsito de migrantes, aunque no hay detalles aún de cómo sería esa eventual participación.

Se busca “abordar con sentido de urgencia y responsabilidad los desafíos y oportunidades que nos plantea la migración en los distintos territorios», dijo su ministra del Interior y Seguridad Pública, Izkia Siches.

Las nuevas autoridades no quieren repetir actuaciones del gobierno predecesor del derechista Sebastián Piñera, cuando  decenas de migrantes vestidos con overoles fueron subidos a aviones para su expulsión, en imágenes que buscaban disuadir a los migrantes y tranquilizar a sectores sociales internos.

Thayer admitió que ahora el Servicio Nacional de Migración “es un barco que está en proceso de estabilización y estamos tomando las medidas necesarias internas para que podamos dar cumplimiento a nuestro mandato”.

“Hoy día tenemos en fila casi 500 000 solicitudes entre visas, renovaciones, permanencias definitivas, solicitudes de refugio, nacionalizaciones”, precisó.

El responsable de migración propuso ir hacia “una política migrante racional”.

Olla a presión

Según Rodríguez, en Chile “hoy tenemos una olla a presión con mucha gente expuesta a trabajos informales, a arrendar una identidad para incribirse en una aplicación y poder trabajar”.

“Es urgente abordar esta situación. Eso significa reconocerlas, identificarlas, documentarlas, entregar visas, priorizar la situación de niños y mujeres embarazadas y así ir tratando de ordenar”, propuso.

Sumó a la crisis “el impacto en las comunidades adonde llegan estas personas,  con una lectura socialmente muy compleja. Los tildan de  delincuentes y se genera en la población la sensación de que la migración es mala”.

Notero

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