Vuelta a la desideologización de la Inversión ESG

 Vuelta a la desideologización de la Inversión ESG

Por Matías Canelo, Gerente General de Gestión Social.

 

La revista Forbes reconoció a Chile como el primer país en colocar un bono sostenible con un indicador de igualdad de género. La meta establecida es de un 40% de mujeres en directorios al año 2031. Actualmente nos encontramos en un 14% de participación femenina en directorios mientras el promedio OCDE está en un 20%.

A pesar de los reconocimientos internacionales, a nivel local saltaron las críticas: ¿vale la pena tomar este riesgo con recursos fiscales con el objetivo de resolver el problema de baja representatividad de mujeres en los espacios de toma de decisión?

En paralelo, respecto de las variables ambientales, donde existen menos dudas respecto del beneficio económico de reducir los impactos en el medioambiente, también han comenzado a instalarse dudas y críticas bajo la lógica de si ¿resulta legítimo asumir un eventual mayor costo para el fisco cuando los responsables de lograr dichas metas son agentes productivos privados?

Estos cuestionamientos se están viviendo con gran fervor en Estados Unidos a nivel político, por parte de algunos representantes del Partido Republicano, quienes han reclamado la falta de orientación a resultados financieros por parte de gestores de activos como BlackRock, y de querer instalar una agenda progresista en el mundo corporativo.

Si bien esta discusión se ha vivido con mayor intensidad en Estados Unidos, entre visiones progresistas y conservadoras en materia económica, podemos ver cómo de a poco se traslada a otras latitudes. Sin ir más lejos, los sorpresivos resultados de las recientes primarias presidenciales realizadas en Argentina, aceleraron esa discusión a nivel regional.

En Chile, por su parte, nos estamos acostumbrando a presenciar debates políticos en que se critique, por ejemplo, la agenda 2030 de Naciones Unidas, catalogándola de globalista o de interferir en la política nacional, reflejando la tensión de lo local versus lo global que ya nos adelantaba Harari hace algunos años.

Incluso, recientemente hemos visto publicaciones que se hacen cargo de esta postura, como es el caso del recientemente lanzado libro El Despropósito, que pone de manifiesto la tensión de los mercados en esta materia. Todas estas son señales de alerta que comienzan a poner bajo cuestionamiento importantes consensos a los que hemos llegado en la última década a nivel global de forma transversal, tanto en el mundo público como en el privado.

No puede tratarse de manera simplista el tener una buena gestión ESG y tampoco politizar el tema. Es un hecho que no por el mero cumplimiento de una cuota o la reducción de la huella se van a alcanzar mejores resultados financieros o generar un mayor engage con los stakeholders. Tampoco por estar listados en un determinado índice. Es evidente que las organizaciones deben continuar cultivando el arte de la administración para lograr que cada indicador movilizado tenga un impacto sistémico que a la larga se traduzca en mejores resultados financieros para los accionistas y beneficios para los grupos de interés.

Es cierto, son más las variables, lo que complejizan el hacer empresa, sin embargo, no querer ver por la ventana los efectos de no hacerlo, resulta mucho más irresponsable con el mismo negocio que el hacerse cargo. No existen fórmulas universales en esto, tampoco izquierda ni derecha, solo mayores y mejores insumos para tomar decisiones. Y quienes quieran plantear la discusión ideologizando argumentos o polarizando posiciones solo quedarán fuera de los beneficios de un enfoque de sostenibilidad en el management empresarial.

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